Todos tenemos nuestro lado oscuro, parte de nuestra personalidad que queremos nadie vea. Pero sin embargo, a veces, esta surge sin que podamos dominarla y se apodera de nosotros. En mi forma de ver las cosas, todo tiene que estar equilibrado, y en mí el "bien" y el "mal" en vez de estar unidos en un equilibrio, están en extremos. Siempre intento de estar en mi "bien" y suelo estar allí. Es por eso que al enojarme surge este "mal" con toda su furia, para compenzar el equilibrio y me vuelvo en la persona que más odio, en mi mal.
Pero el problema es que sigo siendo yo, y por mucho que intente de verlo como alguien ajeno a mí, ese ser soy yo, y en esos momentos no me importa con quien esté hablando, el objetivo es destruirlo emocionalmente, buscar donde le duela más en el corazón, sin importar que aquella persona sea a quien más amo en este mundo. Y aunque luche con esta parte de mí, en el momento que surge no lo puedo controlar e invade cada milimetro de mi ser haciendome sentir una furia que me desgarra por dentro.
A pesar de que este invierno he sembrado "bien", aún no puedo cosechar ¿Será porque siembro en una tierra destruida por el mal, o habrá que esperar al otoño?

Mauricio, pasarán avarios años para empezar a comprender cómo controlar ese lado destructivo... Cuesta mucho hacerlo y al final siempre escapa en mayor o menor medida.
La idea es aprender a colocar los colchones a tiempo para evitar los impactos fuertes; después de todo, nunca se extingue y siempre está ahí, the dark side of the moon...